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Vacunas y niños, la mejor combinación para cuidar la salud

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En la infancia, la varicela, la rubeola, el sarampión y las paperas, también conocida como parotiditis, son cuatro enemigos frecuentes de la salud de los pequeños entre los 0 y 5 años. Si bien no existe un tratamiento que cure estas enfermedades una vez se desarrollan, sí es posible controlar los síntomas y, mejor aún, prevenir que estas patologías aparezcan.

Para algunos padres estas infecciones pueden parecer inofensivas, sin embargo, advierten los especialistas que de no ser prevenidas ni atendidas a tiempo puede dejar secuelas en los niños. “Aunque sean percibidas como benignas, tienen complicaciones que incluso pueden llevar a la muerte. Un niño que tenga la enfermedad, además, es un riesgo para su entorno porque podría contagiar a otras personas en su entorno familiar y social. Vacunar es una medida efectiva porque ayuda a evitar estas enfermedades”, afirma la pediatra Emilia Prieto.

Así las cosas, una vez el niño esté enfermo se sugiere mantenerlo en casa para evitar la propagación de la enfermedad y, por supuesto, manejar los síntomas. La pediatra afirma que puede ser difícil para los padres distinguir entre las enfermedades que producen brote, sobre todo, en sus etapas iniciales, razón por la que se debe contar con la valoración de un médico o pediatra que identifique la enfermedad y que dé las indicaciones necesarias para el cuidado, así como los signos de alarma.

¿Sabes cuáles son las diferencias entre estas infecciones? ¿cómo reconocerlas? ¿cómo prevenirlas? y ¿de qué manera evitarlas? Aquí las respuestas a esas preguntas.

Sarampión

Esta infección es causada por un virus que tiene un periodo de incubación de 7 a 18 días, con un promedio de 14 días desde su exposición hasta la aparición del brote, durante el cual no se presentan signos visibles. Posteriormente se presenta fiebre, malestar general, falta de apetito, congestión en las vías respiratorias, conjuntivitis, tos, manchas dentro de la boca y un brote que inicia en la cara y luego se extiende a todo el cuerpo. Dura, aproximadamente, de cuatro a siete días. Sin embargo, puede prevenirse aplicando la vacuna contra la enfermedad en las edades recomendadas: 1 y 5 años.

El sarampión puede tener complicaciones leves como diarrea y otitis, otras más severas son neumonía, encefalitis (inflamación del cerebro) que pueden tener, incluso, consecuencias mortales. Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, el sarampión causa muertes principalmente en niños de 0 a 5 años.

Rubeola

Al igual que el sarampión, esta infección también es producida por un virus y tiene un periodo de incubación de varios días. Posteriormente, se manifiestan los síntomas. Los principales son fiebre, malestar general, afecciones respiratorias, conjuntivitis, adenopatías (inflamación en los ganglios) y un brote en el cuerpo. Para prevenirla se sugiere vacunar a los niños cuando tengan 1 y 5 años, así mismo, las embarazadas y los niños deben evitar el contacto con personas que tengan la enfermedad.

La rubeola en los niños es relativamente benigna. Sin embargo, si existe infección durante el embarazo, especialmente durante el primer trimestre, se puede presentar el síndrome de rubeola congénita que afecta gravemente al feto. Esta puede producir retardo mental severo, ceguera congénita, sordera, malformaciones cardíacas, retardo del crecimiento intrauterino y hasta la muerte fetal. Por esta razón es muy importante que las mujeres en edad reproductiva también estén vacunadas.

Varicela

El periodo de incubación y presentación de los síntomas es similar a las dos enfermedades anteriores, también se produce por un virus y es una infección que se caracteriza por fiebre y lesiones en la piel: pequeñas ampollas que aparecen en todo el cuerpo. Luego revientan y aparecen costras donde antes estaban las lesiones.

De nuevo, la vacunación es la mejor manera de prevenir la varicela y evitar que aquellos no vacunados entren en contacto con personas que tengan la enfermedad.

En algunos casos, esta patología produce complicaciones locales como infecciones en los sitios donde se produjeron las lesiones. Otras consecuencias menos frecuentes, pero más graves son la neumonía, alteraciones de las plaquetas y, en algunos pacientes, podría incluso causar encefalitis y hasta la muerte. Por otro lado, los niños menores de 1 año cuyas madres no han tenido la enfermedad o no han recibido la vacuna pueden contraer una varicela grave, razón por la que la vacunación de las mujeres en edad reproductiva también es fundamental. 

Paperas o parotiditis

Esta infección leve se caracteriza por la inflamación de las glándulas salivales parótidas. Esta hinchazón es notoria y se puede producir de un solo lado del rostro, pero normalmente se presenta en ambos lados. Además de este síntoma, el niño también puede sentir fiebre, malestar y dolor de cabeza. Las vacunas, de nuevo, son la mejor forma de prevención, pues la enfermedad puede tener complicaciones en órganos diferentes a las parótidas, todas asociadas al mismo virus: orquititis (inflamación de los testículos), pancreatitis (inflamación del páncreas), meningitis (inflamación de las meninges) y otras más severas como la miocarditis (inflamación del miocardio) y la encefalitis. En algunos casos también puede producir sordera.

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Natalia Ospina Vélez
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